Historia del mercado · · 7 min de lectura
La fiebre de las ICO de 2017: auge y caída de la venta de tokens
La fiebre de las ICO de 2017 fue un periodo corto y agitado en el que proyectos cripto recaudaron dinero en todo el mundo con apenas un documento técnico y un contrato inteligente, casi siempre antes de tener un producto funcionando. Esas ventas reunieron miles de millones de dólares en un año, pero la mayoría de los proyectos nunca entregó lo que prometía, y la época terminó entre la presión de los reguladores y la caída de precios de 2018.
El nombre ICO (Initial Coin Offering, oferta inicial de monedas) se inspiró en la IPO, la salida a bolsa de una empresa. El parecido estaba sobre todo en el nombre: normalmente no había balance auditado, ni prospecto aprobado, ni una institución que protegiera al comprador.
Cómo funcionaba una ICO
Una ICO típica de 2017 seguía unos pocos pasos:
- El equipo publicaba un whitepaper (documento técnico): el problema que iba a resolver, la red que construiría, la función del token y el plan de distribución.
- Se desplegaba un contrato inteligente en Ethereum. Un contrato inteligente es un programa que se ejecuta solo cuando se cumplen sus condiciones; en este caso recibía ETH y entregaba tokens a cambio.
- Los participantes enviaban ETH o BTC a la dirección del contrato y recibían sus tokens al terminar la venta.
- Después, el token esperaba su listado en uno o varios exchanges. Muchos compradores tempranos esperaban ver su ganancia ese día.
Lo que facilitó todo fue ERC-20, un estándar propuesto en 2015. ERC-20 es un conjunto de reglas que permite que los tokens de Ethereum hablen un idioma común. Gracias a él, lanzar un token nuevo pasó a ser cuestión de unas horas de programación, y las billeteras y los exchanges podían admitir cada token nuevo de la misma forma.
El contexto del auge
La idea no nació en 2017. En 2013 un proyecto llamado Mastercoin vendió tokens a cambio de bitcoin, uno de los primeros ejemplos del modelo. En 2014 la propia Ethereum vendió ether para financiar su desarrollo y reunió el equivalente a unos 18 millones de dólares en bitcoin. En 2016 un proyecto llamado The DAO recaudó un fondo enorme y luego sufrió un ataque.
Lo que hizo distinto a 2017 fue la coincidencia de varios factores:
- Los precios cripto subieron rápido durante todo el año; quienes tenían ETH y BTC se enriquecieron en papel y querían invertir esas ganancias en proyectos nuevos.
- ERC-20 redujo casi a cero el costo técnico de crear un token.
- Las ventas no tenían fronteras; cualquiera con conexión a internet y una billetera cripto podía participar.
- Algunos tokens tempranos multiplicaron su valor al listarse, lo que atraía atención a cada venta nueva.
El resultado fue un récord tras otro. La venta de BAT, el token vinculado al navegador Brave, recaudó unos 35 millones de dólares en menos de 30 segundos. Tezos reunió unos 232 millones de dólares y luego fue noticia por una disputa entre sus fundadores y su fundación, seguida de demandas. EOS hizo una venta que empezó en junio de 2017, duró cerca de un año y recaudó alrededor de 4.000 millones de dólares. Durante las ventas más populares la red de Ethereum se congestionaba y los compradores pagaban comisiones altas para que sus transacciones pasaran primero.
Precios por etapas: por qué convenía entrar temprano
Imagina un proyecto hipotético. El suministro total es de 1.000 millones de tokens. La mitad sale a la venta, el 20% queda para el equipo y el 30% para una fundación y un fondo del ecosistema. Los 500 millones de tokens a la venta se colocan en tres etapas:
| Etapa | Tokens vendidos | Precio | Recaudado |
|---|---|---|---|
| Preventa | 100 millones | US$0,06 | US$6 millones |
| Primera semana | 150 millones | US$0,08 | US$12 millones |
| Venta pública | 250 millones | US$0,10 | US$25 millones |
El proyecto recauda 43 millones de dólares en total. Ahora supón que el token empieza a cotizar a US$0,10. Sin hacer nada, quien compró en la preventa gana cerca de 67%, quien entró la primera semana gana 25% y quien compró en la venta pública está en equilibrio. Si los compradores tempranos empiezan a vender para asegurar ganancias, el precio puede bajar de US$0,10 y los últimos en llegar quedan en pérdida desde el primer día.
Había otro riesgo: los 500 millones de tokens en manos del equipo y de la fundación. Con los 500 millones en circulación, el valor de mercado parecía de 50 millones de dólares, mientras que el valor del suministro completo era de 100 millones. Los calendarios de bloqueo, que fijan cuándo pueden venderse esos tokens, solían ser débiles o directamente no existían.
Qué salió mal
- Se vendían promesas, no productos. Un whitepaper era un plan, no software funcionando. Muchos proyectos nunca lanzaron nada.
- Los derechos del token eran difusos. La mayoría de las ventas se presentaba como "tokens de utilidad": sin acciones, sin reparto de ganancias, sin derechos de gobierno, solo la idea de que el token se usaría en una red futura. Si la red nunca se construía, el token no tenía uso.
- No había rendición de cuentas. El dinero solía ir a billeteras controladas por el equipo, sin ningún mecanismo que vigilara cómo se gastaba.
- Proliferaron fraudes y copias. Algunas ventas eran estafas desde el inicio; los fundadores reunían el dinero y desaparecían. También circulaban direcciones de contrato falsas que imitaban ventas reales.
- La presión del marketing era enorme. Programas de recompensas (bounty), apoyos de famosos y grupos de chat multitudinarios mantenían viva la euforia.
Muchas revisiones posteriores mostraron que una parte importante de los proyectos que vendieron tokens en esa época desapareció en pocos años o vio su token perder casi todo su valor. La proporción exacta depende del método de cada estudio.
Llegan los reguladores
- Julio de 2017: la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) publicó un informe de investigación que señalaba que los tokens de The DAO podían ser valores. Usó el test de Howey: si alguien invierte dinero en una empresa común esperando ganancias del esfuerzo de otros, existe un contrato de inversión. Llamar "token" a algo no lo dejaba fuera de esas reglas.
- Septiembre de 2017: China prohibió las ICO al considerarlas captación ilegal de fondos. Corea del Sur anunció una prohibición similar ese mismo mes.
- Diciembre de 2017: tras la intervención de la SEC, se detuvo la venta de tokens de una aplicación de reseñas de restaurantes (Munchee) y se devolvió el dinero.
Cuando los precios empezaron a caer en 2018, el interés por las ICO se apagó rápido. En los años siguientes la misma necesidad se cubrió con otros modelos: estructuras SAFT (acuerdo simple para tokens futuros) dirigidas a inversionistas calificados, IEO gestionadas por exchanges e IDO realizadas en plataformas descentralizadas. Cada una intentó corregir una debilidad de la ICO; ninguna eliminó el riesgo por completo.
Las preguntas de aquella época siguen valiendo para cualquier token nuevo: ¿hay un producto que funcione? ¿Qué derechos da el token? ¿Cuándo pueden vender el equipo y los primeros inversionistas? ¿Qué diferencia de precio hay entre quienes compraron con descuento y quienes llegan al final?
Resumen
- La ola de ICO de 2017 combinó el estándar ERC-20 con la subida de los precios cripto y se convirtió en miles de millones de dólares en ventas de tokens.
- La mayoría de las ventas se apoyaba solo en un whitepaper, sin protección al inversionista ni control del gasto.
- Los precios por etapas favorecían a los primeros compradores y dejaban la presión vendedora a quienes llegaban después.
- El informe y las acciones de la SEC, las prohibiciones de China y Corea del Sur y la caída de precios de 2018 pusieron fin a la época.
- La lección duradera: el valor de un token se pone a prueba con un producto real, derechos claros y una distribución transparente, no con promesas.